lunes, julio 03, 2006

La (insoportable) mentalidad española

Es de todos sabido que España es un pais que siempre promete y a menudo fracasa. Eso ha sido así desde tiempos pasados, y puede seguir siendo así, lamentablemente, durante muchos años. Está claro que esto no es cierto en todos los aspectos de la vida, pero es más que evidente en los deportes.

La mentalidad española más lamentable (aunque habría que discutirlo) es la deslealtad. Esa es la cualidad de dejar de apoyar al deportista en momentos de bajo rendimiento, o fracaso. Antes era mucho más generalizado este hecho en el fútbol que en otros deportes, donde el respeto por la figura del deportista era real y honesto, y no futil y perecedero. El ejemplo del fútbol es tan denigrante para el concepto de deporte que la "afición" española que recibió a la Selección en el aeropuerto sumaba escasamente 50 personas. Eso sí que es lealtad. Quizás me equivoque en mi juicio, y haya sido simplemente vergüenza por el ridículo hecho con las frases ya comentadas acerca de la jubilación de Zidane y tonterías por el estilo. Yo que sé, en un caso o en otro, es bastante patético.

Ocurre, de hecho, que el español medio carece de opinión propia acerca de lo que ve por tlevisión, escucha por la radio, o lee en los periódicos y revistas. El español medio (y yo lucho a diario por conservar un criterio propio y sólido, invariante en el tiempo salvo la evolución lógica) se convierte en un loro de repetición de las noticias que ha podido leer en su facción favorita de la prensa, o que ha podido ver en su facción afín de la televisión. Convierte las palabras de los informadores presuntamente objetivos (cosa que dudo personalmente) en pensamientos suyos y cometen el error de aventurar juicios que no son apropiados, lógicos o, cuando menos, afortunados.

En cuestión de deportes, un culpable de la máxima categoría es el encargado de redactar los titulares en los periódicos deportivos de mayor difusión en España, como son el diario Marca, y el AS. Este irresponsable de las ideas escoge los mejores titulares para mantener constante el número de ejemplares vendidos, sin mayor historia. La da lo mismo escribir un día "Vamos a jubilar a Zidane" y al dia siguiente implorar "Por favor, no te vayas". Semejante traidor intelectual debería ser exiliado sin ninguna tardanza de un medio de comunicación, como se autodenomina, que pretende llegar a toda la población con información "legal".

Ocurre lo mismo con los deportes del motor. Las motos, los rallies y la Fórmula 1 se llevaron y llevan todas las balas de la poco preparada para el éxito mente española. Dada la tradicional torpeza nacional para conseguir éxitos en el deporte, y más si de motor hablamos (salvando las motos en las cilindradas pequeñas, donde España es una potencia histórica), los desconfiados "aficionados" se ilusionan, como es natural, al ver los éxitos del pionero en un tipo de campeonato, llevándolo a la cumbre de la admiración y siendo hasta un ejemplo a seguir para los más pequeñitos de la familia. Gracias a esa desconfianza innata en las personas, la falta de éxitos conlleva para el pobre deportista las críticas más exacerbadas, la descalificación, la mentira y lo que es peor, el olvido. El olvido a todo lo grande conseguido por esa persona.

El tema central de esta nota es la deslealtad. En España tenemos ahora un campeón del mundo de Fórmula 1, que se llama Fernando Alonso. Es el deportista ideal, rápido, fiable, competente, seguro de si mismo y una persona llamada a ser uno de los más grandes pilotos de la historia... mundial. En España tiene millones de seguidores, por el mundo adelante también. Pero en España existe una fracción de la población que aspira a cambiar la historia de la afición, que es la de cargar contra el deportista una vez que sus resultados flaquean. Esta adelantada fracción de la población ha cambiado las cosas: han comenzado a hundir a Alonso ya, sin esperar si quiera a que sus resultados empeoren. Son peores que los buitres, y son realmente la vergüenza de España, aunque por desgracia representen a la mayoría.

Que a gusto me quedo...