Después de una semana un tanto intensa por una serie de razones que no vienen al caso de momento, y además por la vorágine de información que se generó ayer por la decisión en cuanto a la posible sanción deportiva a McLaren, y que se saldó siendo deportiva y económica, llega el viernes y es el momento en que me paro a pensar en lo que ha dado de sí la semana, y en lo que va a dar de sí mi futuro inmediato.
Y para colmo, me encuentro una entrada en el blog de Consultor, que provoca en mí esa sensación que se está volviendo tan habitual de que en el fondo no somos tan diferentes unos de otros. Me explico.
Lotfi El-Ghandouri acaba de publicar un libro que, por lo que leo, será lo suficientemente interesante e instructivo como para que me lo compre. Se trata de El despido interior, una "enfermedad" crónica de nuestra sociedad, y aunque os parezca que me columpio, no puedo estar más de acuerdo con Consultor, y de hecho ayer, delante de un plato de mojama riquísimo lo hablaba con un amigo. No en esos términos, pero sí en el sentido de que es algo que cualquiera que trabaje en la órbita de mis trabajos actuales puede notar en los demás. Y quizás, si me apuráis, se extienda al resto de los aspectos de la sociedad.
Leer más...
Después de una semana un tanto intensa por una serie de razones que no vienen al caso de momento, y además por la vorágine de información que se generó ayer por la decisión en cuanto a la posible sanción deportiva a McLaren, y que se saldó siendo deportiva y económica, llega el viernes y es el momento en que me paro a pensar en lo que ha dado de sí la semana, y en lo que va a dar de sí mi futuro inmediato.
Y para colmo, me encuentro una entrada en el blog de Consultor, que provoca en mí esa sensación que se está volviendo tan habitual de que en el fondo no somos tan diferentes unos de otros. Me explico.
Lotfi El-Ghandouri acaba de publicar un libro que, por lo que leo, será lo suficientemente interesante e instructivo como para que me lo compre. Se trata de El despido interior, una "enfermedad" crónica de nuestra sociedad, y aunque os parezca que me columpio, no puedo estar más de acuerdo con Consultor, y de hecho ayer, delante de un plato de mojama riquísimo lo hablaba con un amigo. No en esos términos, pero sí en el sentido de que es algo que cualquiera que trabaje en la órbita de mis trabajos actuales puede notar en los demás. Y quizás, si me apuráis, se extienda al resto de los aspectos de la sociedad.
El otro día hablaba yo de los roles que parece que todo el mundo está predispuesto a adoptar, porque así debe ser. Roles predeterminados por otros que no son tú mismo, y que en la mayoría de las ocasiones provocan una resignación inconsciente, o subconsciente (la verdad es que no se si en esto actúa el subconsciente, o el "inconsciente"). La reseña al libro de El-Ghandouri no puede llegar en un momento más oportuno. Por eso estoy bastante sorprendido de que alguien haya plasmado en todo un volumen unas ideas que fueron tomando forma en mi cabeza durante aproximadamente los últimos seis meses de manera más o menos natural, y que además, seguro que están mejor explicadas, mucho más documentadas, y escritas desde una experiencia mucho más dilatada que la mia.
A veces, da miedo ver que las cosas que piensas y que te hacen dudar durante meses le han pasado a gente que no tiene nada que ver contigo, que está a algún grado de separación de tí mayor que 1. Pero también da ánimos comprobar que esas personas han salido de esa situación, y que lo que uno pone para solucionar su propio caso no está tan desencaminado. Al fin y al cabo, sin arriesgar no se gana, y sin trabajo y convicciones, no se va a ninguna parte.
Menudo ladrillo que me ha salido, válgame...